Cierto es que no tengo en mis manos una megaempresa como Facebook. Pero el haber tenido la posibilidad de manejar varias más pequeñas desde que decidí dar el salto oficial al emprendimiento en 2008 creo que me legitima, al menos, a escribir estas líneas. De entre las cosas más importantes que he aprendido como emprendedor y empresario en estos últimos cuatro años, algunas tienen que ver con qué es realmente una empresa y cuáles son sus objetivos. Pasé por una etapa en la que pensaba que la razón de ser de una empresa era generar beneficios. Pues bien: hoy he llegado al convencimiento de que no es tanto el beneficio, sino que el objetivo motor de una empresa es muy parecido al del ser humano: sobrevivir. Pero, ¿qué tiene que hacer una empresa para sobrevivir?
Puede que todavía no haya llegado a lo más profundo de la cuestión. Pero, creo ver con cierta claridad que una empresa sobrevive si tiene contenta sus clientes y tiene contenta a sus inversores. ¿Me olvidé de los empleados? Creo que no. Difícilmente puedes tener contentos a tus clientes si tus empleados no están comprometidos con la causa. Por otro lado, por muy contentos que estén tus empleados, si no brindas productos o servicios que merezcan la pena, tus clientes te darán la espalda y mucho me temo que acabarás en el cementerio.
Esta reflexión es la que me anima a pronunciar frases como la del título de este artículo: “¡Cuidado, Zuckerberg!”. Sin lugar a dudas, Facebook es todo un éxito para sus clientes (curiosamente también forman parte del producto). Más de 900 millones de usuarios lo confirman. Pero si el valor de tu acción demuestra que tus accionistas no están contentos, no deberías dormir tranquilo. Por mucho que Facebook sea tu empresa, necesitas mantener contentos a tus inversores para garantizar su supervivencia. Y si tus inversores sugieren que tu modelo de negocio no es muy sólido y que convendría poner al frente un CEO de primer nivel, tal vez deberías hacértelo mirar.
Raro es el plan de social media que no requiere crear o remodelar algún activo web: que si un lavado de cara al site corporativo por aquí, que si un blog por allí, que si una página en facebook por allá… Y el caso es que el plan propiamente dicho no puede empezar hasta que esos nuevos activos web estén creados y en explotación.
Provengo del mundo de las tecnologías de la información. Desde la tecnología, y de mano de emprendimientos como
A lo mejor estás pensando que lo de los newsletters está ya más que superado y que si hoy hablo de ellos es síntoma de que no estoy a la última. Porque, lo que mola ahora es hablar de facebook, twitter, linkedin o la última forma de red social que hayan podido invertarse en Silicon Valley. No te culpo. Por lo que se habla y se comenta en los ambientes, parece que no existiera otra cosa.
“¡¡Socorro!! ¡¡Meto el nombre de mi empresa en Google y aparecen resultados negativos!!”
Una vez decidido que vamos a construir un nuevo site y con la ansiedad de verlo cuanto antes en explotación, uno de los errores más cometidos es centrar todas las energías en poner a trabajar a diseñadores y programadores cuanto antes, sin haber acabado de concretar de qué se trata. Si puede ser ya, mejor que mejor. Y cuando lo conseguimos y empiezan a llegar las primeras maquetas, con suerte, se pone de manifiesto que hay muchas cuestiones sobre el site que no están nada claras. Eso con suerte. Conozco más de dos y más de tres proyectos en que sólo cuando el site estaba ya casi acabado, se dieron cuenta de que, realmente, no valía para lo que se quería. Y todo, por no haber hecho una adecuado análisis y especificación de lo que se quería construir: propósito, publicos, objetivos, contenidos e interacciones.
Hay excelentes iniciativas en social media que nunca llegan a ver la luz.
Después de todo el trabajo y talento que requiere el diseño y desarrollo de un website, y de conseguir el visto bueno final por parte del cliente, es fácil dejarse llevar por el entusiasmo y apresurarse a su lanzamiento. Cuando lo cierto es que, aunque la apariencia general invite a pensar que el site está acabado, es muy posible que en el desarrollo se hayan pasado por alto errores de base.
Uno de los motivos que me llevan a pensar que el uso de LinkedIn empieza a entrar en una fase de madurez en España es que, cada vez más gente, se pregunta cuál debería ser su estrategia de conexión en la principal red social profesional que existe. ¿Cuantos más mejor? ¿Sólo conocidos? ¿Sólo nombres que me suenen? Lo cierto es que, aunque no existen reglas estrictas a este respecto, sí que existen claves para aprender a dominar el arte de contactar en LinkedIn ¿te gustaría conocerlas?